JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Estáis seguro?
—¡Oh!, sÃ.
—¿Y libre de la fiebre se salvará?
—¡Ay!, no —dijo el enfermo exhalando un suspiro.
—¿Le acometerá nuevamente la fiebre?
—¡Oh!, sÃ, y más fuerte que nunca. ¡Pobre Havard —prosiguió—, que tiene mujer e hijos!
Y de sus ojos saltaron dos lágrimas.
—¿Va a enviudar su mujer? ¿Van a quedar huérfanos sus hijos? —interrogó Balsamo.
—¡Aguardad! ¡Aguardad!
Y juntó las manos diciendo:
—No, no.
Su semblante se llenó de una fe sublime.
—No, su mujer y sus hijos han rezado tanto que han alcanzado que Dios le salve.
—¿Es decir que se pondrá bueno?
—SÃ.
—Ya lo oÃs, señores —dijo Balsamo.
—Preguntadle cuánto tardará —dijo Marat.
—¿En cuánto tiempo?
—SÃ, puesto que habéis manifestado que él mismo indicarÃa las fases y el término de su dolencia.
—No deseo otra cosa; le preguntaré acerca de este particular.
—Hacedlo, entonces.