JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Y para cuándo pensáis que estará curado Havard? —preguntó Balsamo.
—¡Oh!, la convalecencia será larga; aguardad, un mes, seis semanas, dos meses, hace cinco dÃas que ha ingresado aquÃ, y saldrá a los dos meses y quince dÃas de haber entrado.
—¿Y saldrá bien?
—SÃ.
—Pero le será imposible trabajar —replicó Marat—, ni mantener por consiguiente a su mujer y a sus hijos.
Havard juntó otra vez las manos y exclamó:
—¡Oh! Dios es bueno y los protegerá.
—¿De qué modo? —interpuso Marat—. Ya que hoy me ha tocado aprender, desearÃa también saber eso.
—El Señor ha mandado a su lecho un hombre generoso que se ha compadecido de él y ha pensado para sÃ: «No quiero que le falte nada al desgraciado Havard».
Todos los presentes se miraron y Balsamo se sonrió.
—Estamos presenciando un raro espectáculo —dijo el cirujano mayor a la vez que pulsaba al enfermo, auscultaba su pecho y le palpaba la frente—; este infeliz está delirando.
—¿Estáis cierto? —preguntó Balsamo.
Y lanzando sobre el enfermo una mirada llena de autoridad y energÃa: