JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Oh!, no hablemos de eso, maestro, pues la sangre que brota de la herida la habéis contenido con remedios materiales.
—Sin embargo, pensaba que mi mejor cura era haber hecho que el amputado no sufriese; es verdad que habéis afirmado que habÃa perdido el juicio.
—Por un momento lo ha perdido, no cabe duda.
—¿A qué llamáis vos locura? ¿No es una abstracción del alma?
—O del entendimiento —repuso Marat.
—No discutiremos sobre este particular; el alma me sirve para designar lo que deseo y en hallando la cosa poco me importa el nombre.
—¡Ah!, aquà es en lo que somos de distinta opinión, caballero, pues vos sostenéis que habéis encontrado esa cosa sin buscar el nombre, y yo sostengo que buscáis el nombre y la cosa a la vez.
—Ya hablaremos de eso: ¿de manera que decÃais que la locura es una abstracción momentánea del entendimiento?
—Precisamente.
—Involuntaria, ¿no es as�
—SÃ… Yo he visto a un loco en Bicètre que mordÃa los barrotes de hierro gritando: «cocinero, tus faisanes están tiernos, pero mal guisados».