JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Aguardad.
Y tomando la carta de manos de Marat:
—¿Sabéis de quién es esa carta? —preguntó Balsamo a la sonámbula.
—No señor —respondió.
—Balsamo aproximó la carta cerrada a aquella mujer y le dijo:
—Leedla, pues; el señor Marat desea saber su contenido.
—Si no sabe —dijo Marat.
—SÃ, pero vos sabéis, ¿no es cierto?
—Cierto.
—Pues entonces, leedla y ella irá leyendo también a medida que las palabras queden grabadas en vuestro espÃritu.
Marat abrió la carta y empezó a leerla, mientras que la señora Grivette, de pie y estremeciéndose bajo el dominio de la omnipotente mirada de Balsamo, repetÃa a medida que Marat las iba leyendo allá para sÃ, las palabras que siguen:
Mi querido Hipócrates: Apeles ha terminado de pintar su primer retrato y lo ha podido vender en cincuenta francos; hoy se comen estos cincuenta francos en la taberna de la calle de Santiago; ¿acudirás?
Te prevengo que también se beberá una parte.
Tu amigo
L. David