JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Esto era el contenido del billete.
Marat dejó caer el papel y Balsamo le dijo:
—Ya veis cómo la señora Grivette tiene también un alma, y que esta alma vela cuando ella duerme.
—Y un alma bien rara, puesto que sabe leer llevando ventaja en esto al cuerpo.
—Es que el alma no ignora nada.
Marat no sabÃa qué manifestar; su filosofÃa materialista se rebelaba dentro de sÃ, pero no acertaba a contestar.
—Ahora —siguió Balsamo—, pasemos a lo que os interesa más, es decir, a saber el paradero de vuestro reloj.
Y dirigiéndose a la portera le preguntó:
—¿Señora Grivette, dónde se halla el reloj del señor Marat?
—Lo ignoro —contestó.
—No lo ignoráis —insistió Balsamo—, y lo diréis.
Luego, con una voluntad más fuerte todavÃa, exclamó:
—Decid quien ha robado el reloj del señor Marat.
—La señora Grivette no ha robado el reloj al señor Marat; ¿por qué presume, pues, este, que ella ha sido la que se lo ha robado?
—Entonces si no ha sido ella, ¿decid quién?