JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Es M. de Cogny.
—¡M. de Cogny! —repuso Rousseau—, ¿M. de Cogny, gentilhombre de monseñor el delfÃn?
—Asà es; y por cierto que es un mozo muy guapo y amable.
—Voy allá, Teresa.
El filósofo se arregló un poco y salió al comedor donde el cortesano aguardaba, mirando con curiosidad los vegetales secos que Rousseau habÃa pegado sobre papel y colocado en forma de orlas sobre madera negra.
Al oÃr la puerta de cristal se volvió, y saludando cortésmente, dijo:
—¿Tengo el honor de hablar con M. de Rousseau?
—SÃ, señor —respondió el filósofo con un tono seco que no excluÃa una especie de admiración a la notable hermosura y elegancia sin afectación de su interlocutor.
En verdad M. de Cogny era uno de los hombres más hermosos y amables de Francia.
Rousseau examinó con detención al joven y ya este le satisfizo con más amabilidad.
—¿En qué puedo seros útil, caballero? —le dijo.
—Ya os habrán informado que soy el conde de Cogny, y a eso añado yo que vengo de parte de Su Alteza la delfina.