JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Vamos, y cómo mi hija…
—Óyeme con atención y comprende, Taverney; el rey tiene buen gusto, y la belleza, la gracia y la virtud, cuando van acompañadas de talento, cautivan a Su Majestad… Ahora bien, la señorita de Taverney, reúne todas estas ventajas en grado superlativo… y por lo mismo Su Majestad está entusiasmado con ella.
—Richelieu —replicó el barón adoptando un aire de dignidad más que grotesco para el mariscal—; ¿qué entiendes tú por entusiasmo?
A Richelieu no le agradaban las pretensiones, y asà contestó bruscamente:
—Barón, yo no soy muy fuerte en materias de lenguaje, y hasta sé muy poca ortografÃa; pero la palabra entusiasmo, siempre ha expresado una gran admiración y nada más… Si tú sientes que el rey esté contento con la hermosura, talento y mérito de tus hijos, no necesitas más que hablar. Me vuelvo al lado de Su Majestad.
Richelieu dio una vuelta sobre sus talones con una facilidad propia enteramente de un joven.
—No me has entendido, duque —repuso el barón deteniéndole—. ¡Voto al diablo y qué vivo eres!
—¿Por qué me dices que no estás contento?
—¡Eh!, yo no he dicho eso.
—SÃ, pero pretendes que yo haga comentarios sobre el gusto del rey… ¡Vaya una tonterÃa!