JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Pues bien, tú serás, como manifestó hace poco Richelieu, la reina de Taverney… El rey te ha distinguido… La delfina también —dijo con viveza—, y con la intimidad de estas augustas personas levantarás el edificio de nuestro porvenir, haciéndolos felices… ¡Qué gloria no te resultará de ser amiga de la delfina… y del rey…! Posees un talento superior y una hermosura sin rival; un entendimiento sano, libre de avaricia y ambición… ¡La suerte te ha guardado un brillante papel, hija mÃa! ¿Te acuerdas de la joven que endulzó los últimos instantes de Carlos VI…?, pues su nombre fue venerado en Francia. ¿Te acuerdas de Inés Sorel, que recuperó el honor a la corona de Francia…?, pues todos los franceses veneraron su memoria… Andrea, tú serás el báculo de la vejez de nuestro glorioso monarca… Te considerará como si fueses hija suya, y reinarás en Francia por el derecho de la hermosura, el valor y la fidelidad… Y una mirada tuya despedirá a esas mujeres perdidas que deshonran el trono; tu presencia purificará a la corte, y a tu benéfico influjo deberá la nobleza de Francia la vuelta de las buenas costumbres, la polÃtica y la perfecta galanterÃa. Hija, tú puedes y debes ser astro regenerador para el paÃs, y una corona de gloria para nosotros.
—¿Y qué debo hacer para eso? —dijo ella asombrada.
El barón meditó algunos instantes, y luego dijo: