JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Muchas veces me has propuesto que me vaya contigo.
—Para casarnos —exclamó el exento entusiasmado.
—¡Oh!, en cuanto a este último punto, querido —dijo la joven—, lo trataremos más despacio; por lo pronto, lo principal es huir. Podremos marcharnos dentro de dos horas.
—Dentro de diez minutos, si tú lo mandas.
—No: antes tengo que practicar algunas diligencias en que invertiré dos horas.
—Ya sabes que siempre estoy a tus órdenes, querida mÃa.
—Bien; ahà tienes cincuenta luises.
Y la joven entregó esta cantidad a Beausire, que se la guardó en el bolsillo sin contarla.
—Dentro de hora y media —continuó Nicolasa—, ven aquà con un carruaje.
—Pero… —dijo Beausire.
—¡Oh!, si es que no quieres, figurémonos que nada hubo entre nosotros, y devuélveme mis cincuenta luises.
—Yo nunca retrocedo, querida Nicolasa, pero temo el porvenir.
—¿Por quién?
—Por ti.
—¿Por m�