JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Oh! SÃ, ella, ahora toma la escalera que conduce a la antesala, abre la puerta, tira de la cadena con que se abre la puerta de la calle y sale.
—¿Es muy tarde?
—Con seguridad es tarde porque está muy oscuro.
—Tanto mejor, habrá salido poco antes de regresar yo, y acaso tenga tiempo de alcanzarla… Seguidla.
—Asà que sale de casa, corre como una loca y llega al baluarte… Y corre… corre sin detenerse.
—¿Hacia qué lado?
—Hacia la Bastilla.
—¿SeguÃs viéndola?
—SÃ, parece una loca, y tropieza con los que pasan por su lado. Al fin se para, desea saber dónde está y pregunta.
—¿Qué dice? Escuchad, Andrea, escuchad y, en nombre del cielo, no perdáis ni una palabra.
—Pregunta a un hombre vestido de negro.
—¿Y qué le pregunta?
—Que dónde vive el comisario de policÃa.
—¡Oh…! ¿Se lo dicen?
—SÃ.
—¿Qué hace entonces?
—Vuelve atrás, toma una calle oblicuamente y sale a una gran plaza.
—La Plaza Real; ese es el camino. ¿Sabéis su intención?