JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Corred tras ella, corred, porque va a delataros. Si llega primero que vos y ve a M. de Sartine, sois perdido.
Balsamo lanzó un grito terrible, se arrojó fuera del arbolado, atravesó una puertecilla que abrió y cerró de nuevo, y de un brinco saltó sobre la silla de su caballo Djerid, que golpeaba con impaciencia el suelo.
El bruto, aguijoneado al mismo tiempo con la voz y la espuela, partió con la rapidez de un rayo con dirección a París.
En cuanto a Andrea, se quedó fría, muda, pálida y de pie pero como si Balsamo se hubiese llevado su vida, doblóse poco a poco y cayó en tierra.
Balsamo ni siquiera se acordó de despertarla.