JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico El joven empezó a meditar, y le pareció sospechosa aquella mujer joven y hermosa, que vestida a la extranjera, recorrÃa las calles de ParÃs a las ocho de la noche, con una cajita debajo del brazo, y preguntando por el teniente de policÃa.
—¡Ah! ¡Diablo! —dijo el joven—, por aquà no se va a la tenencia de policÃa.
—Pues decidme por dónde.
—Por el barrio de San Germán.
—¿Y por dónde se va al barrio de San Germán?
—Por aquÃ, señora —contestó el joven con tranquilidad y finura—; y si queréis cuando encontremos un carruaje…
—SÃ, eso es, un carruaje, decÃs bien.
El joven llevó a Lorenza hacia el baluarte, y habiendo encontrado un coche de alquiler lo llamó.
El cochero atendió al llamamiento, y preguntó:
—¿Adónde queréis que os lleve, señora?
—Al palacio de M. de Sartine —dijo la joven.
Su acompañante abrió la portezuela, por un resto de urbanidad, o más bien de admiración, saludó a Lorenza; enseguida la ayudó a subir y la vio alejarse como una visión de esas que aparecen en sueños.
El cochero, muy respetuoso, hacia aquel nombre terrible, dio de latigazos a sus caballos y partió en la dirección indicada.