JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Precisamente —contestó Balsamo—, me habéis entendido.
—SÃ, que es gran osadÃa, caballero; y en verdad os digo, que tengo gran curiosidad por saber cómo tomará el Rey vuestra acusación. Mucho temo que el resultado no sea exactamente el mismo que yo me proponÃa alcanzar con examinar los papeles que contenÃa este cofre antes de vuestra llegada. Proceded con tacto, caballero, porque siempre iréis a parar a la Bastilla.
—Vamos, ya se ve que no me entendéis.
—¿Cómo que no os entiendo?
—¡Oh Dios!, ¡qué mal me juzgáis, y cuánto os engañáis caballero, si me tenéis por tonto! ¡Cómo! ¿Pensáis que voy a atacar al rey, yo, que soy embajador y curioso…? Eso serÃa una necedad, y os ruego que me oigáis hasta el fin.
M. de Sartine movió la cabeza.