JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Señora —respondió Balsamo—, habéis recompensado con exceso el corto servicio que os hice; pero nada de lo que se haga conmigo es perdido, ya veréis si sé agradecer los favores que se me otorgan. No vayáis a pensar, sin embargo, que soy un criminal o un conspirador, como dice monsieur de Sartine; este amable magistrado recibió de manos de una persona que me ha traicionado este cofre que contiene mis secretos quÃmicos y hermeristas; secretos, señora condesa, que deseo compartáis conmigo, para que conservéis eternamente vuestra espléndida hermosura y esa juventud tan radiante. Ahora bien, al ver las cifras de mis fórmulas, mi querido Sartine llamó en su ayuda a la chancillerÃa, la cual ha interpretado a su modo mis cifras, para no incurrir en falta de inteligencia. Creo, señora, que ya os he manifestado una vez que aún no está libre el oficio que ejerzo de todos los peligros que lo rodeaban en la Edad Media, mirándolo favorablemente sólo los jóvenes de una imaginación tan brillante como la vuestra. En una palabra, señora, me habéis sacado de un apuro, y no sólo os lo agradezco, sino que os demostraré mi gratitud.
—¿Pero qué os hubieran hecho si yo no hubiese venido a auxiliaros?