JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Con el fin de jugar una mala obra al rey Federico, a quien aborrece Su Majestad, me hubieran encerrado en Vincennes o en la Bastilla. Sé que hubiera salido de allÃ, gracias a la facilidad conque deshago las piedras con un soplo; pero con esto perdÃa mi cofre, el cual guarda, como ya he tenido la honra de decÃroslo, muchas fórmulas curiosas y muy estimables, arrancadas por una feliz casualidad de la ciencia del fondo de las eternas tinieblas.
—¡Ah!, conde, me tranquilizáis y encantáis a un mismo tiempo; ¿me ofrecéis darme un filtro para rejuvenecerme?
—¡Oh!, no tenemos tanta prisa; dentro de veinte años me lo pediréis, hermosa condesa, pues me figuro que no desearéis volveros ahora una niña.
—Sois un hombre amabilÃsimo, conde; pero voy a haceros una pregunta y os dejo, porque, según parece, tenéis prisa.
—Os escucho, señora.
—Me habéis dicho que una persona os ha hecho traición. ¿Es hombre o mujer?
—Mujer.
—¡Ah!, ¡ahà conde! ¿También tenemos amores?