JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —El alma sabe de todo.
—¿Pero ves tú con los ojos del alma, real y efectivamente?
—SÃ.
—Y dime, ¿podrás ayudarme a descubrir la piedra filosofal?
—Seguramente.
—Pues ven conmigo.
Y ciñendo Balsamo con su brazo la cintura de la joven, la condujo a su laboratorio.
El gigantesco hornillo estaba apagado, porque hacÃa ya cuatro dÃas que nadie habÃa cuidado de mantenerlo encendido.
Los crisoles se habÃan enfriado sobre las mismas hornillas.
Lorenza contemplaba todos aquellos extraños instrumentos, últimas combinaciones de la agonizante alquimia sin el menor asombro, y al parecer conocÃa el uso de todos ellos.
—¿Te has propuesto hacer oro? —preguntó sonriéndose.
—SÃ.
—¿Contienen estos crisoles preparaciones graduadas de diferente manera?
—SÃ, pero todo está paralizado, todo se ha perdido; sin embargo, no lo siento.