JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Entonces sabrás —le decÃa Balsamo—, si pienso en esa mujer, por qué estoy enamorado de ella. Querida Lorenza, lee en mi corazón.
—Yo —contestaba esta moviendo su cabeza—, ya sé que no; pero divides tu pensamiento entre las dos, como cuando te atormentaba Lorenza Feliciani, esa pÃcara Lorenza que está durmiendo, y a quien te niegas a despertar.
—No, amor mÃo, no —exclamaba Balsamo—; sólo pienso en ti, a lo menos con el corazón; bien sabes que todo lo he olvidado por ti, ya sabes que desde que somos felices, todo lo he descuidado; mis estudios, mis trabajos y hasta la polÃtica.
—Pues haces mal —dijo Lorenza—; porque yo puedo ayudarte en esos trabajos.
—¿Qué es lo que dices?
—¿No permanecÃas en otro tiempo muchas horas encerrado en tu laboratorio?
—SÃ, pero he renunciado a esos ensayos inútiles, porque mientras tanto no te verÃa, y esto serÃa arrebatar algunas horas al curso de mi dulce existencia.
—Yo te acompañaré como en tu amor en tus trabajos. ¿Por qué no he de hacerte poderoso lo mismo que te hago feliz?
—Porque mi Lorenza es hermosa, pero no ha estudiado; porque Dios da belleza y amor, pero la ciencia se adquiere solamente con el estudio.