JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Oh!, el diamante es diferente —contestó Lorenza.
—¿Se puede hacer diamante?
—SÃ, porque para ello no hay que convertir un cuerpo en otro, sino procurar solamente modificar un elemento conocido.
—¿Pero conoces tú los elementos de que está compuesto el diamante?
—A no dudarlo; el diamante es carbonato puro cristalizado.
Balsamo se quedó asombrado; una luz deslumbradora e inesperada brotó de sus ojos y se los cubrió con las manos, como si aquella llama le hubiese dejado ciego.
—¡Oh! —dijo—, esto es excesivo, Dios mÃo, y algún peligro me amenaza. ¿Cuál será el anillo precioso que puedo lanzar al mar para desarmar tu enojo, Dios del cielo? Basta por hoy, Lorenza, basta.
—¿No te pertenezco? Manda, pues, ordena lo que te plazca.
—SÃ, me perteneces, ven conmigo, ven. Y Balsamo sacó a Lorenza del laboratorio, cruzó el cuarto de las pieles, y sin hacer caso de un ruido sordo que oyó sobre su cabeza, penetró con Lorenza en la habitación enrejada.
—Querido Balsamo —interrogó la joven—, ¿estás satisfecho de tu Lorenza?
—¿Qué si lo estoy? —dijo este.