JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Richelieu se situó donde pudiera verle el rey, a quien ayudaba a vestir M. de Conde.
Cuando el rey vio al mariscal, hizo un movimiento tan brusco, al querer volver la cara a otro lado, que faltó poco para que la camisa cayese al suelo, y el príncipe retrocedió con sorpresa.
—Dispensadme, primo —dijo Luis XV, a fin de demostrar al príncipe que no era por este aquel brusco movimiento.
Así es que Richelieu vio perfectamente que él era la causa de aquella furia; pero como iba decidido a provocarla, en caso preciso, a fin de tener una explicación formal, varió de aspecto como en Fontenoy, y fue a colocarse en un sitio por donde debía pasar el rey para entrar en su gabinete.
Cuando el monarca ya no vio al mariscal, se puso a hablar libremente y con gracia, vistióse, proyectó una cacería en Marly, y trató acerca de ella largo y tendido con su primo, porque los señores de Conde siempre han pasado por muy buenos cazadores.
Cuando iba a penetrar en su gabinete, vio a Richelieu preparado con gracioso ademán a hacerle la reverencia más bonita que se ha hecho desde Lauzun, quien, como es sabido, saludaba tan bien.
Luis XV se detuvo casi aturullado.