JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Señor…
—En resumen, ¿de quién queréis hablarme?
—De mi amigo Taverney.
—¡Vuestro amigo! —repuso el rey.
—Señor…
—¡Taverney! —continuó el monarca con una especie de espanto que causó gran admiración al duque.
—¿Qué queréis, señor? Es un antiguo camarada…
Y se detuvo un momento.
—Hombre que sirvió a las órdenes de Villars conmigo.
Y se detuvo nuevamente.
—Ya sabéis, señor, que en este mundo se llama amigos a cuantos conocemos, o mejor dicho, a cuantos no son enemigos nuestros; pero esta es una palabra cortesana que muchas veces no significa gran cosa.
—Esa palabra compromete mucho, duque —repuso el Rey con aspereza—, y es conveniente usarla con reserva.
—Los consejos de Vuestra Majestad son preceptos de sabidurÃa. Por lo tanto M. de Taverney…
—Es un hombre inmoral.
—Pues bien, señor, palabra de caballero que lo habÃa sospechado.
—Un hombre sin delicadeza, señor mariscal.