JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Joven, vigorosa y dotada de la facultad de olvidar, tan apreciable para el que pretende dominar al que le ama, Nicolasa consiguió con relativa facilidad dormir después de haber combinado el plan de venganza con toda la astucia que podía encerrar su tierno corazón de dieciséis años. Bien pensado, la señorita de Taverney le parecía más culpable que Gilberto. Aquella joven noble, orgullosa, que trataba con tercera persona y con suma confianza a las princesas, tuteando a las duquesas y marquesas, aquella estatua de mármol, en apariencia helada y sensible a pesar de su frialdad, le parecía ridícula y mezquina al verla convertida en mujer por un Pigmaleón de aldea como Gilberto.
Indudablemente Nicolasa conocía por medio de la excelente inteligencia de que la mujer se halla naturalmente dotada, que Gilberto era superior a ella en talento, aunque inferior en todo lo demás. Sin esta superioridad de alma que aquel había adquirido con cinco o seis años de lectura, ella, la doncella de un barón arruinado, se creía rebajada al entregarse a un simple aldeano.
¿Y sería mucho mayor la culpa de su ama, si se había efectivamente entregado a Gilberto?