JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico La sola manifestación efectiva y verdadera en ella, fue la sonrisa de desprecio con que acogió las primeras groserías de Gilberto; y aquella sonrisa descubría todas las heridas de su corazón. No hay para qué ocultar que nuestra joven carecía de virtud y buenos principios; mas su victoria tenía a sus ojos cierto precio, y consistía en que habiendo entregado el corazón al mismo tiempo que su cuerpo, creía haber hecho no despreciable presente. La fatuidad e indiferentismo de Gilberto la rebajaban a sus propios ojos. Veíase cruelmente castigada por la culpa que había cometido; y aunque en extremo sensible a aquel dolor, lo resistió con firmeza jurándose a sí propia devolver a su desagradecido amante cuando no todo, al menos parte del mal que le había ocasionado…