JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Soy Felipe de Taverney! —gritó el joven imaginando que este nombre era la mejor contestación que podÃa dar a la conciencia del conde.
—¿Felipe de Taverney?… caballero —dijo el conde—, vuestro padre me recibió cortésmente en su casa; sed, pues, bienvenido a la mÃa.
—¡Ah!, es una fortuna —murmuró Felipe.
—Dispensadme el honor de seguirme, caballero.
Balsamo volvió a cerrar la puerta de la escalera excusada, y marchando delante de Felipe le llevó al salón donde hemos visto desarrollarse algunas de las escenas de esta historia, con particularidad la más reciente de cuantas allà se habÃan verificado, la de los cinco maestres.
El salón estaba alumbrado como si esperaran a alguien; pero era evidente que ocurrirÃa asà por una de las lujosas costumbres de la casa.
—Buenas noches, señor de Taverney —dijo Balsamo con un acento dulce y afectado que obligó a Felipe a alzar la vista para mirarle.
Pero al ver a Balsamo retrocedió un paso.
Efectivamente, el conde no era más que una sombra de sà mismo; sus hundidos ojos no despedÃan ningún brillo; sus mejillas, al enflaquecerse, habÃan surcado la boca con dos arrugas, y el ángulo facial, desnudo y huesoso, hacÃa que su cabeza semejase una calavera.