JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Él es —murmuró la joven.
Después, incorporándose hasta llegar al oÃdo de su hermano, chispeándole los ojos de rabia y con las manos crispadas, le preguntó:
—¿Es verdad, Felipe, que le matarás?
—¡Ah! Sà —gritó el joven dando un brinco.
Y tropezó con un velador que estaba detrás de él con varias piezas de porcelana.
Cayó el velador y las piezas se hicieron añicos.
Al ruido se mezcló un sordo rumor, y de pronto se conmovieron las tablas del piso, dominando todo aquello un grito de Andrea.
—¿Qué sucede? —dijo Balsamo—, se ha abierto una puerta.
—¿Nos estaban escuchando? —exclamó Felipe tirando la espada.
—Era él —dijo Andrea—, él.
—¿Pero quién es él?
—¡Gilberto, siempre Gilberto! ¡Ah!, ¿es cierto que le matarás, Felipe?, ¿no es verdad que le matarás?
—¡Oh!, sÃ, sÃ, sà —exclamó el joven.
Y se precipitó a la antesala, espada en mano, mientras Andrea volvÃa a caer sobre el sofá.
Balsamo corrió tras el joven y le sujetó por el brazo, diciéndole: