JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Por qué he de quejarme? —dijo sonriéndose—; mi hermana está pura, me ama, y nunca ha faltado a la confianza ni a la amistad. Mi hermana es joven, lo mismo que yo, tan buena como yo, y viviremos unidos, llegaremos a viejos… Los dos solos seremos más fuertes que el mundo entero…
Conforme el joven hablaba de consuelo, se oscurecÃa el semblante de Andrea, inclinaba hacia el suelo su frente cada vez más pálida, y tomaba la actitud de la melancólica desesperación que Felipe concluÃa de desechar con tanto valor.
—Siempre hablas de nosotros dos únicamente —dijo fijando sus ojos azules y penetrantes en la fisonomÃa de su hermano, que a cada segundo variaba de aspecto.
—¿Y de quién he de hablar, Andrea? —dijo el joven comprendiendo aquella mirada.
—Tenemos un padre… ¿y cómo tratará a su hija?