JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Anduvo en dos horas y media más de cuatro leguas, sin notar la distancia, ni sentir la menor fatiga, gracias a su poderosa organización.
Formados todos sus planes, convino en el siguiente modo de formar su petición.
Emprender un ataque al barón de Taverney con palabras pomposas, y después que tuviese su autorización, embestir a la señorita Andrea con discursos tan elocuentes, que no sólo otorgase el perdón, sino concibiese respeto y cariño hacia el autor de la patética arenga que había preparado.
La esperanza dominó el temor, y a Gilberto le parecía imposible que una joven que se encontraba en la situación de Andrea no aceptase la reparación que le ofrecía el amor, cuando este amor se ofrecía con la cantidad de cien mil escudos.
Al formar Gilberto todos estos castillos en el aire, era tan humilde y honrado como un hijo de los patriarcas, y si olvidó todo el daño que había causado, era porque tal vez tenía un corazón mejor que lo que se cree.
Dispuestas todas las baterías, llegó con el corazón oprimido al territorio de Trianón, y una vez allí, estaba resuelto a todo.