JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Con este nuevo pensamiento entró en París a las siete de la tarde, es decir, en el instante en que el frescor atraía a los paseantes a los Campos Elíseos.
A consecuencia de la resolución tomada, se dirigió con derechura a la puerta del palacio de la calle de Coq-Heron, y llamó sin vacilar un momento.
Redobló los aldabonazos, pero sin que el último tuviese mejor éxito, que el primero.
Perdió aquel último medio, en que confiaba, y, loco furioso, mordiéndose las manos para martirizar su cuerpo porque no padecía tanto como su alma, Gilberto revolvió bruscamente la calle, empujó el pestillo de la casa de Rousseau y subió la escalera.
El pañuelo en que guardaba los treinta billetes de Banco encerraba también la llave de la buhardilla.
Gilberto precipitóse en él como se hubiera precipitado en el Sena, si hubiese corrido por aquel lugar.