JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Soy un loco! —dijo—, ¡qué cabeza tan destornillada tengo! Hablaba de vengarme, y no sé qué venganza elegir. ¿Mataré a esa mujer? ¡Oh!, no, pues al caer se tendrÃa dichosa con ajarme con una injuria más. ¿La deshonro públicamente? ¡Oh!, ¡eso es propio de un menguado…! Hay un punto sensible en el alma de esa criatura en que mi alfilerazo descargue un golpe tan sensible como una puñalada… Necesita que la humillen, sÃ, porque todavÃa es más orgullosa que yo… ¿Humillarla yo? ¿Y cómo? Nada poseo, nada soy, y sin duda va a desaparecer. Es seguro que con mi presencia, si me presentara a menudo, y le dirigiera una mirada de desprecio o provocación, la provocarÃa dolorosamente. Yo bien sé que esa madre sin entrañas serÃa una madre sin corazón, y me enviarÃa a su hermano a que me matase; pero ¿quién me impide que yo también aprenda a matar a un hombre lo mismo que he aprendido a reflexionar o a escribir?, ¿quién evita que derribe al suelo a Felipe, que le desarme, y me rÃa en las barbas del vengador, burlándome al mismo tiempo de la mujer ofendida?… No, este medio es propio de comedia. Yo solo, yo, con mi brazo desarmado, con un raciocinio despojado de ideas imaginarias, con la fuerza extraordinaria que la Naturaleza me ha dado, y mi vigoroso pensamiento, desbarataré los proyectos de esos desgraciados… ¿Qué es lo que quiere Andrea?, ¿qué posee?, ¿qué pone por delante para defenderse y conseguir mi oprobio?… Lo veremos.