JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico «—¿De quién dependéis?».
«—Del gobernador militar».
«—Bien… se arreglará».
»Me autorizó para que me retirara y lo verifiqué.
»Aquella noche, llamando al gobernador, le dijo:
»—Caballero, tengo que satisfacer un capricho».
«—Decidlo, señora; y será para mà una orden».
«—Hice mal en calificar de capricho lo que sólo es una promesa que debo cumplir».
«—De ese modo, señora, será todavÃa más sagrada».
«—Pues bien: he prometido unir al servicio de mi persona, el primer francés, cualquiera que fuese, a quien encontrara al pisar la primera población de Francia, y hacer su felicidad y la de su familia, si es que los prÃncipes tienen poder para hacer la felicidad de alguno».
«—Señora, los prÃncipes representan a Dios en la tierra. ¿Y cuál es la persona que ha tenido esa dicha?».
«—El caballero de Taverney Casa-Roja, joven teniente, que os ha comunicado mi llegada».