JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¿Y no habéis comido desde ayer?
—Sólo unos mendrugos de pan que saqué del castillo.
—¡Pobrecito!; pero ¿por qué no habéis pedido de comer en cualquier sitio?
A los labios del joven asomó una sonrisa de desprecio, y respondió:
—Porque soy orgulloso, señora.
—¡Orgulloso!, ¿y en eso pensáis cuando vais a morir de hambre?
—Vale más morir, que deshonrarse.
La señora examinó con una especie de admiración al sentencioso interlocutor.
—¿Y quién sois para expresaros as�
—Un huérfano.
—¿De qué?
—De nada.
—¡Cómo! —dijo la joven, cada vez más asombrada, mientras su compañero se consideraba satisfecho al ver que se habÃa atraÃdo el interés de la hermosa viajera—. Sois muy joven para andar solo por esos caminos.
—Dejáronme sin amparo en un viejo castillo que sus amos abandonaron, y al encontrarme solo, hice como ellos.
—¿Sin objeto?