JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —En sitio seguro —contestó la señora, con acento enteramente meridional—; pero habéis estado hace poco en gran peligro de ser destrozado por mi carruaje. ¿Qué os ha ocurrido para caer asà en medio de la carretera?
—Sentà un desfallecimiento tan grande…
—¡Cómo!, ¿y de qué os provenÃa esa debilidad?
—HabÃa andado mucho.
—¿Hace mucho tiempo que estáis viajando?
—Desde ayer a las cuatro de la tarde.
—¿Habéis caminado desde esa hora?…
—Dieciséis o dieciocho leguas, según pienso.
—¿En doce o catorce horas?
—Pues si no he dejado de correr.
—¿Adónde os dirigÃs?
—A Versalles, señora.
—¿Y habéis salido?…
—De Taverney.
—¿Qué lugar es ese?
—Es un castillo situado entre Pierrefitte y Bar-le-Duc.
—¿No habréis tenido siquiera tiempo de comer?
—No sólo me ha faltado tiempo, sino también proporción.
—¡Cómo!
—Perdà mi dinero en el camino.