JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Conozco que podéis ser un excelente médico, y me parece que poseéis ya no pocos conocimientos de esa ciencia. Os ofrezco mi visita para dentro de diez años.
—Haré los esfuerzos imaginables para merecer ese honor, señora.
En aquel momento se detuvo el postillón, habiendo llegado a la parada sin haber visto carruaje alguno. Se informó la joven viajera, supo que la princesa habÃa pasado por aquel sitio hacÃa un cuarto de hora, debiendo detenerse en Vitry para almorzar y mudar los tiros.
Ordenó la señora que el nuevo postillón saliese de la población al paso ordinario, y luego que estuvo enteramente fuera:
—Postillón —le dijo—, ¿os atrevéis a alcanzar los coches de Su Alteza?
—¡Pues es claro!
—¿Antes que llegue a Vitry?
—¡Cómo!, si iban a un trote largo.
—Ya, pero yendo a escape… os daré triple gratificación.
—Si eso me lo hubieseis dicho al salir, ya nos encontrarÃamos a un cuarto de legua de aquÃ.
—Ahà tenéis un escudo de seis francos a cuenta de lo que os he ofrecido, y tratad de recuperar el tiempo perdido.