JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Un filósofo en extremo divertido —contestó la joven sin meditar que aquella respuesta podía ofender a su ahijado.
—¿Dónde le encontraste?
—En la carretera; pero eso no es lo que nos interesa ahora.
—Tienes razón —contestó Juan—. ¿Y nuestra viajera condesa de Béarn?
—Está conforme.
—¿Qué quieres decir?
—Que vendrá.
—¿Qué vendrá?
—Sí, sí —respondió la señorita Chon moviendo la cabeza.
—¿Qué le has contado?
—Que yo era la hija de su abogado M. Flageot, y que cumpliendo con el encargo de mi padre para cuando pasase por Verdún, me apresuraba a notificarle que su pleito estaba próximo a verse.
—¿Nada más?
—También le dije, que para cuando eso ocurriese era indispensable marcharse a París.
—¿Qué hizo entonces?
—Abrió los ojos admirada; sorbió un polvo, y dijo que M. Flageot era el hombre más sabio del mundo. Concluidas sus exclamaciones, ordenó que se dispusiese su viaje.