JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Perdonad, señor, si el dolor de una hermana, ha superado a la lealtad de una súbdita.
—¡Buena alhaja! —murmuró entre dientes Luis XV—. Ea, condesa, nada de rencor.
—No guardo rencor… pero estoy decidida a partir para Luciennes y desde allà para Bolonia.
—¿Por mar?
—SÃ, señor: quiero abandonar un paÃs donde el ministro atemoriza al rey.
—¡Señora! —gritó ofendido Luis XV.
—Consentidme, señor, que me retire para no faltar más tiempo al respeto debido a Vuestra Majestad —dijo levantándose la condesa y observando a hurtadillas la impresión que ocasionarÃa este movimiento en el ánimo del rey. Exhaló este al mismo tiempo un suspiro, expresando estar fastidiado ya de aquella escena.
Conociólo Chon y sujetó a su hermana por el vestido, conociendo que serÃa peligroso para ella seguir adelante aquella disputa, y dirigiéndose al rey, exclamó:
—Señor, el amor que profesa mi hermana al vizconde, la ha arrastrado excesivamente… Pero yo soy la culpable, y yo debo reparar la falta. Sólo, señor, pido justicia para mi hermano, como el vasallo más humilde, y a nadie acuso, confiando en la rectitud de Vuestra Majestad.