JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico El prÃncipe, atemorizado por la mirada del rey, bajó la cabeza y volvió a tomar su raspador y la rueda que habÃa dejado sobre el sillón, mientras aquel se dirigÃa durante este tiempo hacia la puerta, diciendo:
—¿Qué diablos querÃa decir con el servicio mal hecho? Vamos, por fin evité esta escena; pero queda disgustado.
En efecto, el prÃncipe, tan sufrido de ordinario, golpeaba con el pie el pavimento.
—Cada vez está esto peor —añadió Luis riendo—: Decididamente no me queda tiempo más que para escapar.
Mas en el momento en que abrÃa la puerta, encontró en el umbral a M. de Choiseul respetuosamente inclinado.