JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Señor —añadió el oficial—, perdonadme, pero no puedo permitir que Vuestra Majestad entre donde están los perros.
—SÃ, sà —replicó el rey—, ya entiendo: el gabinete no está en orden… ¡ea!, bien, dejar salir a Gredinet.
—¡Ah, señor! —tartamudeó el oficial demostrando una viva consternación—; hace dos dÃas que no ha comido ni bebido nada, y se teme que esté rabioso.
—Es indudable —exclamó Luis XV—, soy el más desgraciado de los hombres… ¡Gredinet rabioso! ¡Esto faltaba para colmo de mis pesares!
Creyó el oficial de galgos que serÃa indispensable derramar una lágrima para animar la escena.
Luis XV se retiró a su gabinete, donde le esperaba su ayuda de cámara, quien al ver el rostro desconcertado del rey, se ocultó en el alféizar de una ventana.