JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Estoy seguro, segurÃsimo —murmuró Luis XV sin reparar en aquel fiel servidor que no era un hombre para él—, ¡ah!, bien lo veo; M. de Choiseul se burla de mÃ; el prÃncipe se cree ya medio soberano, y se imagina serlo del todo luego que consiga sentar a su austriaca en el trono. Luisa me ama, pero con demasiada dureza, pues me predica moral y se marcha; mis otras tres hijas cantan canciones en las que me llaman Blas; el conde de Provence traduce Lucrecia; el de Artois anda cortejando; mis perros están rabiosos y pretenden morderme. Lo cierto es que nadie me ama, exceptuando a esa pobre condesa. Lleve el diablo a quien pretenda ocasionarla disgustos.
Sentóse luego con desesperación cerca de la misma mesa en que Luis XIV firmaba, y que habÃa recibido el peso de los últimos tratados, y de las gloriosas cartas del gran rey.