JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Comprendo el motivo por qué todos tratan de apresurar la llegada de la princesa; me figuro que en cuanto llegue me volveré su esclavo, o seré dominado por su familia. ¡Vaya, vaya!, no me faltará tiempo para ver a mi querida nuera, y mucho más si su llegada me ocasiona nuevas inquietudes. Debemos vivir en paz, sÃ, todo el tiempo que sea posible; y para conseguirlo, entorpezcamos su marcha. TenÃa que pasar por Reims y Noyon sin detenerse hasta llegar a Compiègnes; mantengamos el primer ceremonial: tres dÃas de recibo en Reims, y uno… no, dos… tampoco: tres dÃas de funciones en Noyon, y asà ganaré seis, sÃ, seis hermosos dÃas.
Tomó la pluma y dictó él mismo a M. de Stainville la orden de detenerse tres dÃas en Reims, otros tres en Noyon: y llamando después al correo de servicio:
—A todo escape —dijo, hasta que llegue esta orden a quien va dirigida.
Y después, con la misma pluma, escribió lo siguiente:
Querida condesa:
Hoy debemos instalar a Zamora en su gobierno, y marcho a Marly. Iré esta noche a deciros en Luciennes lo que pienso en este momento.
La Francia