JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Por capricho y por economÃa, vestÃa la condesa de aquel modo, pues no se ruborizaba, como otras, de su pobreza. Sólo un sentimiento tenÃa: que no le era fácil dejar una fortuna digna de su nombre a su hijo, un joven provinciano, tÃmido como una doncella y más aficionado al regalo de la vida material, que a los honores y ventajas que la gloria proporciona.
En el último caso le quedaba el recurso de decir mis tierras, a las que su abogado disputaba contra los Saluces; pero, como era mujer de bastante inteligencia, conocÃa que si pedÃa dinero prestado sobre aquellas tierras, ningún usurero, aun cuando los habÃa en Francia muy osados en aquella época, le prestarÃa con sola aquella garantÃa, ni le adelantarÃa la suma más insignificante sobre aquella restitución.
Limitada a la renta de sus tierras y a los tributos no comprometidos en aquel pleito, la condesa de Béarn, con mil escudos de renta poco más o menos, huÃa de la corte, donde se gastaban doce libras diarias, únicamente para el alquiler del carruaje que le era necesario para ir a solicitar la protección de los señores jueces, e instruir a los señores abogados.
Viose obligada además a vivir en aquel retiro por haber perdido las esperanzas de que llegase su turno antes de cuatro o cinco años, y poder sacar sus legajos.