JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico La señora hizo las tres reverencias de costumbre, y balbuceó con bastante turbación el breve cumplimiento que seguía, manifestando que no esperaba tener el honor de… que no sabía cómo un, ministro, tan lleno de ocupaciones, tuviese valor para ocupar sus horas de descanso…
Contestó M. de Maupeou que el tiempo era tan precioso para los súbditos de Su Majestad como para sus ministros; pero que a pesar de ello atendía a las personas que tenían asuntos urgentes, y por lo tanto sacrificaba sus horas de descanso para las que merecían esta distinción.
La condesa renovó sus exageradas reverencias, a las que se siguió una silenciosa turbación, pues, terminadas las cortesías, debían comenzar las demandas.
El magistrado, pasándose la mano por la barba, esperaba la relación de madame Béarn.
—Monseñor —dijo esta, al fin—; he solicitado el honor de hablar con vuecencia para hacerle humildemente la relación de un asunto grave, del cual depende toda mi suerte.
El ministro hizo un movimiento de cabeza como indicándole que continuase y dijo:
—Hablad.