JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Explicaos.
—No os molestaré mucho tiempo ¡oh Dios mÃo! ¡Cuánto siento interrumpir la audiencia de esta señora!
—La señora condesa de Béarn —dijo el canciller presentándola al vizconde Juan Du Barry.
Este retrocedió graciosamente para hacer su reverencia: la condesa le imitó, y ambos se saludaron con tanta ceremonia como si se hallasen en la corte.
—Cuando terminéis, señor vizconde.
—Señora condesa, no me atreverÃa a cometer un delito de lesa galanterÃa.
—Hablad, hablad, caballero, que mi asunto es de intereses, el vuestro de honor, y por tanto, deberéis tener más prisa que yo.
El vizconde contestó:
—Señora, me aprovecharé de vuestra bondad.
Y dio noticia de su asunto al canciller, que le escuchó gravemente.
—Se necesitan testigos —dijo M. de Maupeou después de un momento de silencio.
—¡Ah! —exclamó Du Barry—, reconozco en vos un juez Ãntegro, sobre quien nada influye sino la irrevocable verdad… ¡pues bien!, os presentaré testigos.
—Monseñor —dijo la condesa—, aquà tenéis uno…