JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Ya, ya comprendo. De modo que esta señora se halla en disposición de ser presentada —repuso con cortedad la condesa.
—En efecto; y la señora baronesa de Alogny… ¿conocéis a la baronesa de Alogny?
—Si ya no me relaciono con nadie: hace veinte años que salà de la corte.
—Esa señora es quien la sirve de madrina. El rey está enteramente decidido a protegerla, su marido es gentilhombre de cámara, su hijo pasa a la guardia con promesa de ser nombrado para la primera tenencia que vaque: la baronÃa ha sido erigida en condado, sus créditos contra el tesoro real han sido en acciones de la ciudad, debiendo a más recibir veinte mil escudos al contado el dÃa de la presentación. Por esta razón nos están dando una prisa…
—Pues ya lo creo —dijo la condesa con sonrisa afable.
—¡Por vida de…!, ahora me acuerdo… —exclamó Juan.
—¿De qué? —preguntó madame Du Barry.
—¡Qué lástima! —agregó—. ¡Qué lástima que yo no hubiese conocido ocho dÃas antes a esta señora!
—¿Por qué?
—Porque entonces no nos habÃamos aún comprometido con la baronesa de Alogny.