JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Si solicitáramos una audiencia en Versalles… —dijo madame de Béarn muy tÃmidamente.
—¡Qué!, no se conseguirÃa.
—¿Ni con vuestra protección, señora?
—Nada significarÃa mi protección: Su Majestad aborrece los actos judiciales, y en estas circunstancias sólo un asunto excita su interés.
—¿La cuestión de los parlamentos? —preguntó madame de Béarn.
—No, la de mi presentación.
—¡Ah! —dijo asombrada la condesa.
—Pues ya debéis saber, señora, que a pesar de los inconvenientes opuestos por M. de Choiseul, de las intrigas de M. de Praslin, y de las proposiciones de madame de Grammont, el rey ha decidido que yo sea presentada.
—No lo sabÃa, señora —replicó la litigante.
—¡Ah!, pues está enteramente resuelto —dijo Juan.
—¿Y cuándo se verifica esa presentación?
—Lo antes posible.
—SÃ, porque querrá Su Majestad que todo esté concluido para cuando llegue la princesa, a fin de poderse llevar consigo a mi hermana a las fiestas de Compiègne.