JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Ay! —prosiguió Juan—, si supierais cuán generosamente ha otorgado el rey todos esos favores. No ha sido necesario pedÃrselos, pues se ha anticipado a todo, y al punto que supo que la baronesa se brindaba a ser madrina de Juana, exclamó: «Me alegro infinito, ya estaba fastidiado de esas presumidas, que, según parece, ostentan más orgullo que yo. Me presentaréis esa señora, ¿no es asÃ, condesa? ¿Tiene pendiente algún pleito… deudas… atrasos?».
La condesa abrÃa cada vez más los ojos.
—Sólo —añadió el rey— una cosa me disgusta.
—¡Ah!, ¿conque disgustaba solamente una cosa a Su Majestad?
—SÃ, una sola. «Una sola cosa me disgusta, y es que para la presentación de madame Du Barry, yo hubiera preferido un nombre histórico». Y diciendo estas palabras, Su Majestad contemplaba el retrato de Carlos I hecho por Van Dick.
—Entiendo —repuso la litigante—, Su Majestad lo dirÃa aludiendo a esa alianza de los Du Barry Moore con los Estuardos, a que hace poco os referÃais.
—En efecto.
—Pues yo, por lo que a mi toca, os aseguro —añadió madame de Béarn con acento imposible de describir—, que jamás oà hablar de los Alogny.