JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Con todo —replicó la condesa—, es buena familia, y según creo, tienen ya hechas todas sus pruebas.
Juan dio un grito de pronto, haciendo grotescos movimientos en su sillón e incorporándose.
—¿Qué es eso? ¿Qué te sucede? —preguntó madame Du Barry haciendo todos los esfuerzos posibles para contener la risa al ver las contorsiones de su cuñado.
—¿Alguna punzada? —preguntó con interés la pleitista.
—No —repuso Juan sentándose de nuevo—, es que se me ha ocurrido una idea.
—¿Qué idea? —preguntó la condesa—, mucha fuerza tendrá, pues creà que te derribaba.
—Será magnÃfica —añadió la vieja.
—¡Oh…!, sÃ, magnÃfica.
—Pues comunÃcanosla al momento.
—SÃ, pero tiene una contra.
—¿Cuál?
—Que es imposible realizarla.
—ExplÃcala, no obstante.
—SentirÃa disgustar a cierta persona.
—No importa; habla, Juan, habla.
—Pensaba yo, que si dijeses a madame de Alogny la observación que hizo el rey mirando el retrato de Carlos I…