JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —Más despacio, más despacio, aún no lo es —replicó el rey—, ¿por qué usa ese tuno el uniforme antes de ser nombrado? ¿Tanta confianza tiene en mi palabra?
—Por ser sagrada, señor, confiamos todos en ella. Os haré, no obstante, observar que ya tiene también su despacho.
—¡Cómo!
—Vedle: el vicecanciller me lo ha enviado. La única circunstancia que ahora le falta para su instalación, es el juramento. Permitid que lo haga enseguida y desde luego quedará obligado a custodiarnos.
—Acercaos, señor gobernador —dijo el rey.
Adelantóse Zamora con paso sereno y reposado: vestÃa una casaca con cuello bordado, calzón corto, media de seda, capa larga y charreteras de capitán. Completaba su uniforme un sombrero de tres picos de extraordinaria magnitud, que llevaba debajo del brazo.
—¿Podrás tú pronunciar siquiera el juramento? —preguntó Luis XV.
—SÃ, señor, haced la prueba.
—¡Veamos! —continuó el rey mirando con curiosidad aquel bronceado muñeco.
—De rodillas —dijo la condesa.
—Prestad juramento —agregó Luis XV.
El negrillo puso una mano sobre su corazón y la otra sobre las del rey, diciendo: