JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —¡Llévese el diablo las firmas —dijo Luis XV—, y a los que vienen a buscarlas! ¡Quién habrá inventado los ministros, las carteras y el papel sellado!
No habÃa el rey concluido de formular esta maldición, cuando al mismo tiempo entraron el ministro y la cartera por la puerta opuesta a la que diera paso a la condesa.
Exhaló el monarca otro melancólico suspiro.
—¡Hola! ¿Ya estáis aquÃ, Sartine?, ¡qué puntual sois!
Dijo con tal acento estas palabras, que difÃcilmente habrÃase podido conocer si contenÃan un elogio, o una reconvención.
El ministro abrió la cartera apresurándose a sacar los papeles, cuando se oyó rodar un carruaje sobre la arena de la alameda.
—Esperad, Sartine —dijo Luis XV dirigiéndose presuroso hacia la ventana—. ¡Qué veo! —añadió con admiración—, ¿parte la condesa?
—SÃ, señor —repuso el ministro.
—Creà que esperaba a madame de Béarn.
—Me figuro, señor, que cansada ya de aguardar irá en persona a buscarla.
—SÃ, pero como habÃa dicho que vendrÃa esta mañana…
—Casi estoy seguro de que no vendrá.
—¡Cómo, Sartine! ¿Vos también sabÃais eso?