JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico —No lleguéis a creer que me intereso por esos filósofos —añadió Luis XV.
—MuchÃsima razón tiene Vuestra Majestad para no hacerlo —repuso Sartine.
—Pero se debe tener en cuenta que podrán alzar el grito; además, yo creà que estaba en ParÃs con autorización.
—En efecto, señor; pero a condición de que no se presentarÃa en público.
—¿Y se presenta?
—A cada momento.
—¿Con su traje de armario?
—¡Oh, no, señor!, le hemos prohibido usarlo.
—¿Y ha obedecido?
—SÃ, pero protestando contra esta orden.
—¿Cómo se viste ahora?
—Como todos, señor.
—Pues entonces, me parece que el escándalo no es tan grande.
—¿Cómo que no? ¿Sabéis, señor, a qué sitio concurre todos los dÃas ese hombre a quien se le ha prohibido mostrarse en público?
—¿Tal vez a casa del mariscal de Luxemburgo… de madame de Alembert… de madame de L’Épinay?…