JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico Poco más arriba del punto de su origen, un sendero tortuoso y lleno de malezas conduce a Danenfels. Pasado este pueblo, el camino se reduce a una senda, que también disminuye hasta que termina. Inútilmente busca algo la vista en el suelo, pues sólo se ve la inmensa pendiente de la Montaña de los Truenos, cuya misteriosa cumbre, acariciada con tanta frecuencia por el fuego del cielo, que le ha dado su nombre, ocúltase tras un cÃrculo de frondosos árboles, que forman impenetrable muro.
Pocas veces bajo estos árboles tan altos como las encinas de la antigua Dodona, el viajero puede continuar su camino sin ser visto desde la llanura, ni aun en la mitad del dÃa; pues, aunque su caballo llevara más campanillas que una mula española, no se percibirÃa ruido alguno; y si fuera enjaezado de terciopelo y oro como un caballo de emperador, ni un rayo de oro o de púrpura atravesarÃa el espeso ramaje: tanto apaga el ruido la frondosidad de este inmenso bosque, como disminuye los colores la oscuridad de su sombra.