JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico
JOSEPH BALSAMO. Memorias de un Médico »Pero cuando después de repartir su botín, vi que aquellos facinerosos, en vez de dejarnos proseguir nuestro viaje, se lanzaban sobre mí; cuando por los esfuerzos que hacía mi padre para defenderme y por las lágrimas con que mi madre les suplicaba, adiviné que una desgracia terrible y desconocida me amenazaba; comencé a gritar pidiendo misericordia, obedeciendo sólo a ese impulso natural que nos incita a pedir socorro, pues no ignoraba que llamaba inútilmente y que nadie podría oírme en aquel desierto paraje.
»De modo que, sordos a mis gritos, a las lágrimas de mi madre y a los esfuerzos de mi padre, los bandidos me ataron las manos a la espalda, y por las ardientes y ansiosas miradas que lanzaban hacia mí, conocí entonces (tanta penetración me infundió temor) la suerte que me aguardaba.
»Entonces, sacando unos dados del bolsillo, se pusieron a jugar sobre un pañuelo.
»Lo que me aterrorizó más, fue que sobre el innoble tapiz no se veía posta de ninguna especie.
»Convulsivo temblor me agitó durante todo el tiempo que estuvieron jugando a los dados, porque comprendí que yo era la cosa que se disputaban.
»Se levantó uno de repente lanzando un rugido de triunfo, y en tanto que sus compañeros blasfemaban rechinando los dientes, precipitóse hacia mí, me cogió en brazos, y juntó sus labios con los míos.